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Una periodista narra la ‘pesadilla’ de su viaje en Blablacar con Álvaro de Marichalar

Sabina Urraca es una periodista y escritora que ha publicado un artículo titulado ‘Pesadilla en Blablacar‘ y en él cuenta la experiencia que fue compartir viaje desde Soria a Madrid con Álvaro de Marichalar, excuñado de la infanta Elena.

Una periodista narra la 'pesadilla' de su viaje en Blablacar con Álvaro de Marichalar

El viaje desde Logroño transcurría de modo muy ameno. El conductor era un chico muy majo, muy tranquilo, con el que establecí una buena conexión desde el principio. En un viaje de este tipo, una debe ser respetuosa y llevarse bien, sobre todo si dura varias horas. Yo lo he usado mucho y la gente suele ser muy educada. Cuando paramos en Soria para que subiesen los otros dos pasajeros, una chica joven y un señor desconocido, él me recordó enseguida a ese perfil pijo de recién salido de fiesta ibicenca, tipo conde Lequio. Ese regustillo, nada más. En cuanto se subió al coche comenzó a hablar y no dejó de hacerlo hasta llegar a Madrid. ‘Hola, ¿cómo está usted? ¿cómo está usted? ¿cómo está usted?’ a las dos chicas, que parecía el pájaro loco. Durante todo el viaje, las miradas que cruzamos los otros tres ocupantes fue una constante. Miradas de complicidad alucinando con lo increíble de la situación”, escribe Sabina.

La escritora explica que desde el primer momento, Álvaro dejó claro quien era. ”Sacó su teléfono y comenzó a encadenar llamadas, presentándose. Gritaba mucho y no dejaba de hablar de negocios, marcas, inversiones y de Soria. Era todo muy disparatado. No era nada discreto y, desde luego, resultaba imposible no oírlo. También fue imposible volver a hablar. Cuando colgaba el teléfono continuaba su monólogo echándose flores: que si era aventurero, empresario… Mientras hablaba, miré en el smartphone su nombre, lo encontré en Wikipedia y pensé en que su entrada la había escrito él mismo. Repetía lo que allí salía de modo a veces literal: ‘Yo he cruzado el Atlántico con una embarcación de 3 metros de eslora, que es una moto de agua’. Y en Wikipedia pone prácticamente lo mismo”.

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Después de hacer una parada para echar gasolina, Álvaro decidió sentarse en el asiento del copiloto sin pedir permiso ni opinión. ”No, yo no me pongo cinturón; tuve una vez un accidente, me quedé enredado y casi me mato’, dijo el señor. Se negó a ponérselo y cualquiera le llevaba la contraria. ‘Me están llevando a Madrid’, dijo en un momento dado por teléfono. El coche se convirtió en suyo y el viaje se convirtió en su viaje. Sentí que ese coche era una metáfora de España, en que la gente normal vivimos a merced de lo que quieran los poderosos, que pueden actuar a su entera conveniencia mientras los demás ni pinchamos ni cortamos. España era un coche de Blablacar, un país al que le estaban robando su tiempo su conversación y su derecho a estar tranquilo. Sentí mucha frustración porque yo soy muy reivindicativa, asisto a manifestaciones, me quejo de injusticias y en una situación cara a cara fui incapaz de pararle los pies a este señor. Por eso lo escribí todo en este artículo”.

Por su parte, Álvaro de Marichalar, ha dado su versión de lo sucedido al portal Vanitatis: ”Fue un viaje estupendo con gente encantadora. Es una historia inventada”, y añade: “España es un país de traidores y yo acabo de sufrir la última traición. Aquí no hay dignidad ni sentido del honor y, por eso, yo no vivo aquí”. Y remata diciendo: “Dile que la perdono. Es un pobre personaje que quiere sus dos minutos de gloria y se está aprovechando de mi buena voluntad, pero yo la perdono y espero que le vaya bien en su trabajo”.

(Vía)


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